Derechos de autor de Diego Gotthelf. Comentarios Romina al 02-02-2014
Campo de Deportes
La
educación física era una parte integral de la instrucción que
impartía el Nacional Buenos Aires, para lo que tenía (y luego de
una larga lucha en la justicia contra las fuerzas de la privatización
conserva) un Campo de Deportes en Puerto Madero, que es hoy uno de
los barrios más caros de la ciudad y un monumento al renacimiento
urbano, pero que treinta años atrás no tenía ese nombre tan
pintoresco, y era conocido menos prosaicamente como la Dársena
Norte, además de ser un prolífico criadero de ratas.
El
Campo de Deportes fue siempre una isla desprotegida pero
inimpregnable. Yo hubiera terminado el párrafo anterior directamente “como la Dársena Norte”, o quizás “como la desolada Dársena Norte”. Y acá hubiera puesto “...siempre una isla desprotegida pero inimpregnable, además de ser (o exponerse a nuestros ojos como) un prolífico criadero de ratas”. En
el pasado fue amenazado por la decadencia y abandono de un puerto
obsoleto para el momento de su inauguración a finales del siglo XIX ¿El puerto estaba obsoleto en el momento de su inauguración? ,
pero hoy tiene el tupé de ser un valle extenso, fértil y despoblado
en el medio del liebenstraum Me gustaría que des la imagen de “chato” entre los altos edificios de alrededor de
los ricos y famosos corporativos, que se apilan uno encima del otro a
su alrededor, y de vez en cuando intentan conquistarlo tirándole
frustrados cañonazos legales desde sus torres de metal y vidrio.
En
mi época era un oasis verde de cuidadas canchas polideportivas, que
atendían jardineros coquetos quienes se esmeraban por mantener el
verde adentro y el gris afuera. Mantenían el pasto tan tupido pero
corto como una alfombra persa, los arcos prolijamente pintados de los
blancos y celestes del escudo del Colegio, los vestuarios limpitos y
arreglados y los troncos de los árboles
maduros que lo rodean pintados de blanco para que se resbalen las
hormigas antes de poder hacerse un festín de Yo diría un festín “con” sus crestas tupidas sus
crestas tupidas de hojas. Todo esto en conjunto daba al lugar
apariencias de un diamantito de pureza bucólica en el medio de la
montaña de cascotes y hierros oxidados de un puerto para el cual
todo tiempo pasado había sido mejor. Y si ponés “de un puerto ya olvidado”
¡Maravilla
ver los cambios que ha obrado el desarrollo urbano Está bien pero en las 3 primeras palabras tendrías que especificar que te estás retrotrayendo al presente, o futurotrayendo al presente, para hacer la comparación al estilo Titanic !
Los decrépitos depósitos abandonados de entonces hoy han sido
reciclados en carísimos apartamentos loft De nuevo, me gusta mucho la imagen de verlos “elevarse”, aunque si los depósitos de los que hablás son los que yo creo creo que justo ésos no se elevaron, o si lo hicieron les agregaron un piso, pero podés “elevar” a los edificios cuando los mencionás, como si crecieran desde el piso ,
los baldíos ocupados por hoteles de cinco estrellas, condominios y
resorts, los malditos adoquines grises que nos hacían trastabillar
por sus calles En ningún momento especificaste cómo era la marcha hasta el campo de Deportes, creo que eso debería estar antes de “elevar” tus alrededores con edificios ,
reimaginados como un detalle decorativo “chic”, y la emulsión de
petróleo crudo y basura que pasaba entonces por las aguas navegables
de la dársena, hoy son una marina para
yates millonarios. A pesar de todos estos cambios a su alrededor,
parecería ser que es el destino eterno del querido Campo de Deportes
sobresalir de su entorno como pato en riña de gallos. ¿Por qué “a pesar”? Después de todo no cambió para ser lugar deportivo.
Era
también, en aquella época, una citadela y nación autónoma De nuevo como en el otro capítulo, pusiste una metáfora antes de que uno sepa qué “es”, y de nuevo la caminata hasta el campo antes de este párrafo hubiera quedado muy bien, como distanciándote físicamente de los preceptores (es más, en la caminata podrías poner en algún momento “dejando a los preceptores atrás” o algo así) ,
aparentemente fuera de jurisdicción de preceptores que nunca se
aventuraban a reclamarlo para la corona; una Florencia que no estaba
gobernada por ningún Archiduque de la Perfidia, ni ministrada por
ninguna Cofradía de la Coronación de Espinas, ni vigilada por
ninguna Guardia Draconiana Yaaaa sacá por lo menos una metáfora, exagerado ,
sino por profesores macanudos como don Ángel “Papuchi”
Guastella, antiguo jugador y entrenador de la selección nacional de
rugby, que
Gracias
demos que, cuando montaron el aparato disciplinario, se olvidaron del
Campo de Deportes y no levantaron ningún alcázar con murallas y
torres vigías, no abrieron pasadillos secretos para el movimiento de
sus espías y se les pasó rodear entradas y salidas con alambrados
de púa. Era una rara zona franca en los territorios del Nacional
Buenos Aires donde no había una disciplina marcial, y las únicas
penurias eran la hora temprana del primer turno de la mañana, que
invariablemente me tocaba año tras año, los caprichos del puente
giratorio de la dársena, que de vez en cuando nos dejaba tiritando
de frío esperando que pase alguna embarcación mientras se nos
helaban los huesos, y el test de Cooper, que un par de veces al año
nos obligaba a donar un pedacito de pulmón con que abonar el pasto
de la cancha de fútbol, a la que teníamos que dar seis vueltas en
doce minutos.
Dos
veces por semana era obligatorio, para la colección de escrachos
desharrapados que pasábamos por alumnos, asistir a Puerto Madero
para clases de gimnasia. El objetivo era contrarrestar con ejercicio
los estragos corporales de las diarias contorsiones sobre el pupitre
con las que evitábamos el contacto visual con los profesores,
limpiar los pulmones del aire viciado de los claustros, y templar con
algunos rayos del sol saliente la textura lechosa de nuestras
complexiones. Pero nadie iba a regañadientes porque, al contrario
del resto de las comarcas del Colegio, en ese paraíso fiscal no se
pagaba ningún impuesto a la alegría, el Estado Feudal no gravaba la
diversión y el entusiasmo era una actividad no imponible Acá toda la metáfora me pareció que sobraba, hablá de cómo te divertías mejor .
Y, a pesar de la falta de supervisión adulta profesional, en esa
isla desierta del Señor de las Moscas los niños nunca nos pintamos
las caras, ni nos hicimos fieras salvajes, y jamás se manifestaron
las mil hordas enemigas de la Patria que se temía existían latentes
a flor de nuestra piel, esperando pacientemente la grieta más
insignificante en la vigilancia para infectarnos “desierta del Señor de las Moscas” puede interpretarse como que no estaba el Señor, uno queda con la ambigüedad hasta que termina desechando, no está bueno. Por otro lado qué te parece si esta metáfora la hacés como una infección desde el principio, que durante las 3 líneas carcome y se introduce y al final convirtió a todos en fieras salvajes. .
Pero
sí se manifestaron hermosos picaditos de futbol en los que Martín
Kohan y Tripas, los salomones del balón, se peleaban por seleccionar
alternativamente sus piezas de juego Seleccionar sus piezas de juego? Sus compañeros en la cancha? Por qué tenían que ser ellos dos? Que era por estricta meritocracia se sobreentiende sin que lo explicites en
orden de estricta meritocracia y condición física, y después
hacían música con la pelota, armando juego, construyendo paredes de
pases, levantando centros, y tirando misiles guiados que los
arqueros, generalmente los jugadores más crotos Maldita sea siempre lo mismo ustedes queriendo ser estrellitas de televisión TE CUENTO QUE YO FUI ARQUERA DE HÓCKEY en un club de
la división, eran incapaces de frenar. Esos gloriosos partidos de
fútbol eran el escenario donde se resolvían asuntos de escalafón
entre los más compadritos, se sellaban alianzas estratégicas de
asistencia mutua contra la arbitrariedad y se afianzaban las
amistades inoxidables que durarían, por la mayor parte, el resto de
nuestras vidas. Los eslabones de hermandad que nos unen hasta el día
de hoy quedaron forjados por golpetazos del martillo de la pelota
sobre la fragua inmortal del fútbol, a la que todos los varones le
tenemos el respeto de un rito sagrado, y morimos por la gloria de sus
goles. ¡Cuántas guirnaldas tejimos con los laureles de las
victorias de la semana anterior De la semana pasada no, de la semana anterior !
¡Cuánta solidaridad fraternal destilamos del mar de lágrimas
amargas de la derrota de un solo miércoles! En cada partido nos
jugábamos la vida que teníamos por delante sin “imaginar” no, sin recordar, sin tener en mente, sin importarnos... imaginar
que existía otra cosa. Hasta que, exhaustos y mojados de sudor y
barro en el más crudo de los inviernos, venían a avisarnos que
hacía tiempo había pasado la clase de gimnasia y era hora de ir a
bañarse. Che no explicaste nunca en qué consistía la clase de gimnasia, ¿dónde diablos estaba el docente? ¿Solamente elegían equipo y jugaban fútbol? ¿Cómo es que se quedaban jugando después de hora, el profe se las picaba sin decir nada?
El
fin de un partido de fútbol y el comienzo de la hora No es “el comienzo de la hora de volver”, además de que no es necesario, ya en el párrafo anterior lo dijiste, con decir “el fin de un partido de fútbol es...” ya está de
volver a obligaciones escolares es la peor injusticia que se conoce
en la infancia, pero “pero definitivamente”, para dar idea de que aumentás. Pero yo pondría otro orden al párrafo, como volvés atrás en el tiempo, tiene que quedar claro en el primer concepto, algo así como “Si en la infancia el fin de un partido de fútbol es un crimen, en la pubertad...” un
crimen de lesa humanidad en la pubertad de nuestro primer año,
porque significaba Estás hablando de las duchas comunitarias? Decís volver pero no las habías mencionado antes, más bien “dirigirse a”. Además como te dije antes, primero mencioná en qué consistía la ducha, si ponés la metáfora antes solamente los egresados de tu edad lo entienden volver
a ese cementerio de pudores y matadero de autoestimas púberes que
eran las duchas comunitarias. Allí uno andaba de puntitas de pie
para no pisar No entendí, ¿literalmente en puntitas de pie? en
la humillante vergüenza de la desnudez propia, ni tropezarse por
accidente en la ajena, en esa época delicada de tantos cambios
hormonales anacrónicos y desparejos, que juntan en traje de Adán y
en el confinamiento de las mismas duchas a muchachos de no más de
unos meses de diferencia de edad entre ellos, pero cuya velocidad
individual de desarrollo los deja a unos toscos y peludos como yetis
y a otros todavía lampiños y suaves como Yo no los llamaría doncellas, más bien pondría una metáfora que no sea mujer, algún animal pelado no sé, ¡pero doncellas! doncellas.
En
nuestras duchas no había nada de homoerótico pero mucho de
mortificante, porque cada uno tenía alguna cosa que le causaba
insoportable humillación compartir con el mundo, y hubiera dado un
testículo por mantener enprivado.
En general involucraba una o varias de las siguientes condiciones del
adolescente: una entrepierna conspicuamente pelada, una buzarda
celulítica o un miembro pre pubescente en un grandulón de metro
setenta. Ni hablar de la curiosidad de la minoría circuncidada por
el envainamiento del prepucio de los gentiles, y viceversa, que en
algún momento causó altercados por miradas mal interpretadas que
casi van a las manos.
Para
complicar hasta la gravedad una situación ya delicada, éste era uno
de los territorios de cacería de almas en pena del Tripas, esa
entrañable hiena a quien el diablo en su infinita maldad le dio la
lengua más larga y picante del colegio, pero a quien
Dios, para compensarlo y confundir nuestros afectos, le dio otras
cosas proporcionalmente largas: la fidelidad a sus amigos, la
generosidad… y el pene. Tripas era el único que hacía todo lo
posible por maximizar la duración de su desnudez, paseándose por el
baño, el vestuario y las duchas con la toalla enroscada en el cuello
como una bufanda en vez de atada alrededor de la cintura como un
taparrabo, corriendo de un lado a otro sin demasiada necesidad, más
que hacer que su miembro imposiblemente grande rebote contra sus
piernas como la trompita de un elefante y amenace con dejarle un ojo
morado. Se divertía dando toallazos o pataditas en el culo a los
débiles y emboscando a aquellos que, sentados en el banco del
cambiador agachados poniéndose las medias, se enderezaban para
encontrase al Tripas plantado frente a ellos en traje Adán Si vas a poner acá traje de Adán sacalo de arriba, no lo repitas ,
con la Mamba Negra a cinco centímetros de sus caras haciendo guiños
con su único ojo.
Ninguna
inadecuación era demasiado trivial para que el Tripas no se tome su
tiempo en hacer observaciones humillantes, bien trabajadas y cómicas.
No se salvaba nadie. Miraba de cerca a un circuncidado hasta ponerlo
incómodo y ahí le decía que su pija se parecía a Yul Brinner…
pero con polera. Era difícil no reírse de la humillación de otros.
El Tripas sabía lo que hacía, y le gustaba aprovechar la línea muy
fina entre la crueldad ajena y el miedo propio, que ponía de puntas
la carcajada y los nervios de la platea, como un cómico de café
concert que se mofa de alguno en la primera fila para que el resto se
ría a su costa En singular “a su costa” o también “a costa suya” .
Le gustaba preguntar “¿Qué pasaría si Siemenspitz camina hacia
una pared con la pija parada? ¡Se rompería la nariz!”.
Siemenspitz se moría de vergüenza, y todos nos moríamos de risa
culpable.
Su
especialidad eran los comentarios de los hábitos de masturbación de
cada uno. Según él, Shuki se hacía la paja "paragüitas"
porque tenía los dedos de la mano más grandes que el pito. Daniel
Alhadeff se hacía la paja todos los días porque no podía dejar de
hacer el amor con la persona que más amaba en la vida. Mas Vélez no
se hacía la paja porque era un amante egoísta. Y, finalmente,
Javier Gómez estaba peleado con su mano derecha porque era un amante
tan aburrido que se le había dormido durante la paja. Decía estas y
otras cosas por el estilo, que no le caían bien a sus víctimas pero
acalambraban a la platea, y que todos soportábamos de alguna manera,
porque tener el miembro más grande del año venía con ciertos
derechos de mandarse la parte. Pero también porque el Tripas tenía
conocimientos ilimitados del arte de la masturbación, y entre una
broma humillante y otra uno siempre aprendía algo útil.
Así
que el Tripas, cuya crueldad era de igual oportunidad para todos “de igual oportunidad para todos” suena a traducción de otro idioma, cuya crueldad repartía a todos por igual podrías decir ,
era de teflón y nada ni nadie se le quedaba pegado Qué quiere decir quedársele pegado? ,
porque dejaba tras de sí un reguero de ofendidos con caras
ruborizadas, de suspiros de resignación y de carcajadas culpables,
pero nunca pagaba los platos rotos por las indiscriminadas cargadas
que cortaban la carne hasta el hueso. Tenía una manera peculiar de
dividir y reinar, en la que reclutaba a todo el grupo para que se
rieran de uno solo, y después iba alternando hasta haber ofendido a
muchos, pero divertido hasta el calambre a absolutamente todos, y nos
miraba con esa sonrisita malvada y esa cara de atorrante que
repugnaba y seducía al mismo tiempo. Nadie quería ser su mejor
amigo, pero nadie tenía ganas de dejar de quererlo tampoco.
La
mañana continuaba Más que la mañana continuaba yo hubiera puesto algo más táctil, salíamos a la luz del Sol a media mañana con el pelo todavía mojado algo así cuando
partíamos hacia la Biblioteca Perate, desde el campo directamente a la biblioteca sin escalas? Hay que entrar al cole primero del
colegio, ese santuario palaciego donde nunca se le negaba refugio a
los prófugos
del miedo, siempre se recibía con brazos abiertos a los apóstatas
de la conformidad y se le daba asilo político a cualquier disidente
de la tristeza, para darles el santuario de aprender, leyendo e
informándose, a pensar por sí mismos Pero en ningún momento dijiste por qué diantres tenías que ir a la biblioteca, a pasar la hora libre hasta la hora de entrar? En qué momento almorzabas? Dónde estaban los preceptores? .
Los filisteos de la prefectura jamás se aventuraban a la Biblioteca
tampoco, y la dejaban a la suerte y fortuna de la bibliotecaria, como
una principalidad centenaria en una escarpa cuya conquista no valía
la pena el esfuerzo. Preferían, en su lugar, conservar sus fuerzas
para mejor vigilar la buena administración de la Por qué ignorancia y prejuicio? ignorancia
y el prejuicio que reinaban en los claustros, y no se acercaban
demasiado los cien mil libros que adornaban las estanterías en sus
cuatro paredes y dos pisos, altas hasta el cielo infinito, que hacen
de la Biblioteca la joya más preciada en la corona de nuestro
Colegio.
En
ese oasis era siempre posible pasar una mañana feliz, sin filas,
sargentos ni votos de obediencia, aunque sí había que guardar
silencio. Sabés que a mí también me encantaba la biblioteca, pero el que no fue no va a entender ni pito por qué, quizás si hablás del calor de hogar de la amplia mesa de madera que tenías enfrente tuyo para vos solo con una luz larga y fuerte que iluminaba divino y esas sillas todas acolchonaditas, además de tener en cuenta que en la era pre-internet una biblioteca era lo más parecido a la información, y te divagabas estudiando, no sé algo así Pero
el silencio de la biblioteca era un placer, porque era la música de
la contemplación, la lectura y el estudio, indulgente de la
ocasional interrupción de susurros y cuchicheos. Allí hacíamos los
deberes, repasábamos para las pruebas o simplemente leíamos una
novela, rodeados de los libros que nos cuchicheaban los misterios del
cielo y la tierra descubiertos con sudor y sangre en cinco milenios
de civilización, para la salvaguardia de los cuales se había
construido ese fastuoso palacio. Pasábamos las mañanas a
contraturno de nuestro primer año rodeados de los libros amigos,
cuando todavía no nos atrevíamos a aventurarnos al mundo de afuera,
donde nos esperaba la otra escuela que necesitaríamos en nuestro
camino hacia la independencia – la universidad de la calle El qué? A qué viene recordar ahora la universidad de la calle? .
A su tiempo y en su momento nos haríamos montaraces en el barullo de
los bares de la zona, y los frecuentaríamos con más asiduidad que
la querida biblioteca, pero, por el momento, ésta era la única
Atenas entre las paredes del presidio.
Y,
finalmente, las mañanas de Campo de Deportes Es como que se te pasó la biblioteca, quizás quisiste decir “las mañanas de fútbol” o “las mañanas de gimnasia” terminaban O “llegaban a su fin” en
el subsuelo del edificio, con un almuerzo en el “Refectorio”,
palabra demasiado clínica para la calaña y estado de pulcritud del
establecimiento que describía, que a duras penas merecía el más
prosaico apelativo de comedor. Allí se
servía un menú lacónico de “Paty con fritas” No había carrito en el campo de deportes??? ,
“milanesas a caballo” y un puñado de platillos delectables que,
no sin honor a la verdad y la justicia, jamás ganaron estrellas No es mucho decir que no ganaron estrellas? Probablemente mis platos tampoco y no no cocino así Michelin.
De
haber figurado en esa guía gastronómica, sus inspectores anónimos
habrían notado en sus informes que todos los platos estaban
preparados con las mismas cantidades indiscriminadas de aceite
asesino con que se repelieron dos invasiones inglesas, que la
presentación era despatarrada y antiestética, y que la recua de
viejas brujas encargadas de su preparación a plena vista de los
comensales eran buenas advertencias de la calidad de sus
ingredientes, ya que se encontraban en el mismo grado terminal de
decrepitud Che todo bien pero no podés hablar así de nadie, decrepitud? ,
acusaban las mismas señales de haber pasado su punto óptimo de
consumición y sufrían de la misma cantidad y repelencia de
desfiguraciones. Al recibir su plato de manos tan Pero en ningún momento dijiste que no se lavaban las manos insalubres
uno se lo quedaba mirando un rato antes de llevárselo a la mesa,
porque la comida parecía impregnada de culpa, venas tapadas y
problemas cardiovasculares en un futuro lejano. Sin embargo, después
del primer bocado, la comida era bastante más rica de lo que suena Suena? Quizás deberías poner comíamos con tanto apetito que desde el primer bocado... .
Comentarios
del capítulo
A
esta altura ya empiezo a sentir que no hay hilo conductor. Lo hubo
hasta justo después de entrar (eras el protagonista de tus propias
anécdotas) y posteriormente, en el que leí volviste a aparecer con
Poli y la revista ADS. Pero acá en el medio es como que todo se
pierde, hablaste de los baños, del fútbol, de los baños de nuevo,
y de “todo era así y asá...” falta un protagonista que vaya
viviendo cosas acá, y contar todos estos párrafos intercalados
cuando te los encontrás en el relato de las vivencias de alguien.
Podrías cambiar de protagonista o poner varios (vos y un par de tus
amigos ponele), pero el capi del recreo y el del campo quedaron muy
faltos de hilo. Ya sé que es una empresa enorme, te lo tiro para que
lo pienses. No puedo darte muchas ideas concretas tampoco porque no
lo viví, ¡y si vieras lo poco que me lo imagino! Fue TAN diferente
cuando yo cursaba. Qué sé yo, “algo” fue lo primero que
lucubraste, la primer travesura o lo que fuera, algo, que te dé
excusa para mostrar el cole, el recreo y el campo y capaz que algún
lugar más del cole también. El edificio es taaaaan lindo. Y hasta
el subsuelo es taaaaan lúgubre. Y la pileta de natación tenía un
agua taaaaan calentita. ¿Hicieron la prueba de natación? ¿Existían
las quichicientas actividades extraescolares que había cuando yo
cursé? Tenés mil lugares donde ambientar cómo lucubraste tu primer
bomba en el colegio (o lo intentaste, o intentaste no sé, otra
cosa), ¡no solamente los baños! ¿O sí? Contame.
Ojo,
no es que me gusta que te lo tomes a mal, pero es que cuando llego
acá, ¡ya me pinché! ¡quiero retomar que pasen cosas! Y me estoy
desesperanzando porque me parece que todo el resto del libro va a ser
así, mostrar un lugar (y su baño), otro (y su baño) y así... y
cuando te pusiste de protagonista fue tan divertido, y quiero que la
gente llegue a conocer a Poli y a la revista, no quiero que dejen de
leer antes.
Bueno eso para que lo pienses largo y tendido, ya sé que es mucho cambio el que te propongo, no es que no me doy cuenta. Por otro lado volviendo a cómo está el capítulo aquí y ahora, cuando hablás del campo, ir hacia atrás y adelante en el tiempo se me hacía muy Titanic invertido, la dejadez de esa época y superpuesta la imagen de cómo está en estos días, tratá de hacerla más gráfica, acordate de que el salto en el tiempo es el primer concepto del párrafo sino no se capta nada. ¡Ah! Y mientras tanto, ¿las chicas qué hacían? ¿Estaban ahí con ustedes haciendo otro deporte? ¿Ustedes no le dedicaron ni una pizca de imaginación al tema de ellas en su vestuario? ¿No se hablaban, qué onda? Si es aburrido no lo comentes, es que no sé, a una que es mujer le parece que falta gente. Si no las veías en toda la mañana se arreglaría con un “y al volver a clases nos encontrábamos con las alumnas nuevamente...” y listo.
Bueno eso para que lo pienses largo y tendido, ya sé que es mucho cambio el que te propongo, no es que no me doy cuenta. Por otro lado volviendo a cómo está el capítulo aquí y ahora, cuando hablás del campo, ir hacia atrás y adelante en el tiempo se me hacía muy Titanic invertido, la dejadez de esa época y superpuesta la imagen de cómo está en estos días, tratá de hacerla más gráfica, acordate de que el salto en el tiempo es el primer concepto del párrafo sino no se capta nada. ¡Ah! Y mientras tanto, ¿las chicas qué hacían? ¿Estaban ahí con ustedes haciendo otro deporte? ¿Ustedes no le dedicaron ni una pizca de imaginación al tema de ellas en su vestuario? ¿No se hablaban, qué onda? Si es aburrido no lo comentes, es que no sé, a una que es mujer le parece que falta gente. Si no las veías en toda la mañana se arreglaría con un “y al volver a clases nos encontrábamos con las alumnas nuevamente...” y listo.
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