martes, 28 de julio de 2015

ADS 2-8 Ciencias políticas comentarios Romina 14-02-2014


Derechos de autor Diego Gotthelf. Comentarios de Romina del 14-02-2014

Ciencias
Políticas


Al comienzo del primer día del tercer año las autoridades nos recibieron en el acto de apertura de clases con la noticia de que en las escaramuzas de los dos años escolares precedentes habían caído muchos compañeros, novicios y desacostumbrados al rigor de la disciplina marcial de un ejército invicto, o víctimas de la furia de armas de destrucción masiva: los exámenes trimestrales, las pruebas sorpresa, los proyectos especiales, las misiones detrás de líneas enemigas al frente de la clase, los exámenes de recuperación diciembre y marzo y, finalmente la solitaria materia previa reglamentaria. Tantas bajas habían sufrido nuestras filas que se nos informó sumariamente que se hacía necesario consolidar las tropas para no mostrar ningún flanco débil ante el eje enemigo: la alianza subversiva de la Ignorancia, la Indisciplina y el Libertinaje.


Atrás quedaban compañeros como el Mionca, que no aprendió a mimetizarse a la tristeza y cayó víctima de un francotirador, Facundo Tapia, derribado por fuego cruzado en las trincheras de matemática y geografía durante los Idus de Marzo y finalmente Mariana Ekerloff, a quien no recuerdo jamás haber visto dirigirle la palabra a nadie en los dos años de clase anteriores y que, inexplicablemente, no volvió al inicio del nuevo, sin que nadie sepa Je. En castellano, “no volver sin que nadie sepa” significa que no hizo eso, “volver sin que nadie sepa”. Con una coma se arregla: “no volvió, sin que nadie sepa...” si desertó o le dieron la baja por neurosis de guerra. Del resto muchos salieron milagrosamente ilesos, algunos sufrimos balazos de latín, matemática o literatura, pero aprovechamos los tres meses de franco para lamer nuestras heridas, dar tiempo al proceso de cicatrización y templar los espíritus antes de volver al campo de batalla.

Los de la doceava habíamos pasado los primeros dos años en la planta baja, invisibles en el claustro que ocupaban nuestros mayores y mejores de cuarto año. Ellos tenían licencia para llamarnos despectivamente "borregos" o "pendejos" a voluntad, ganada a fuerza de ritos de iniciación que los más chicos todavía estábamos en curso de sufrir. Mientras, nuestros pares confraternizaban en el tercer piso, haciendo ruidos de copas, de risas de mujer y música que nos llegaban ocasionalmente como ecos de una fiesta en la casa de al lado a la que no estábamos invitados. Cuando nos cruzábamos con ellos en alguna tierra de nadie como el Campo de Deportes, el natatorio, los laboratorios de música o las salas de artes plásticas, los mirábamos, la ñata contra el vidrio, porque las sandías parecían tanto más grandes y jugosas en la chacrita de ellos.

Aunque nuestra división sufrió menos bajas que el promedio de las otras, eso no la salvó de convertirse en el chivo expiatorio a fuerza de ser el último orejón del tarro. La doceava era un peso muerto en los márgenes del año, y sería la primera en asociarse al club del olvido. Luego Acá tuve un problema, si armás la oración así uno piensa que estás hablando de tu primer día de clases de primer año, que fue el único que mencionaste, más tarde recién uno se corrige de la fanfarria de los discursos, la música de película de terror del Era el mismo de prime año? El viejito que año a año vuelve inexplicablemente? organista y el recital del coro al los que nos sometieron durante la ceremonia de inicio del nuevo ciclo escolar, se nos Yo diría se nos dividió en grupitos... separó en grupitos de a cinco o seis y se nos informó que seríamos Bueh, “desparramados”, yo diría reasignados, reorganizados, reubicados desparramados entre las otras cinco divisiones restantes del turno tarde, sin siquiera tener la oportunidad de decir adiós a las armas. A mí me tocó continuar mi travesía con Martin Kohan, mi primer amigo, Daniel Alhadeff, mi mejor amigo, Javier Gómez, Gustavito Glusz y Bobi Montes en la octava división, la misma donde cursaban Poli Martínez, Raúl Malcovich, Laurita Larrea y otros No me gusta nada el “y otros personajes que recorrerán las páginas a su turno”, podría ser “y otras nuevas caras con las que continuaría recorriendo mi travesía escolar” o algo así personajes que recorrerán estas páginas a su turno.
A pesar de que nos tomamos la noticia con el entusiasmo de un fallecimiento, el velorio no duró mucho más que unos días. Luego de un corto luto, tuvimos que admitir que el desbande de la doceava resultó ser más una aparición con vida de Mambrú que un Exilio de Gardel. A rey muerto, rey puesto. Enterramos la difunta con fiesta al ritmo de trompetas tocando “Cuando los santos van No era “cuando los santos vienen marchando” desfilando”, celebrando un inesperado cambio de fortuna.

Para comenzar, la separación no afectó en mucho nuestra amistad con los compañeros que fueron a parar en otras divisiones, como el Tripas, que quedó en la décima, Más Vélez en la novena, Shuki no me acuerdo dónde y el resto, desparramados por ahí. Al contrario, no sólo seguimos tan compinches como siempre, sino que tal vez más que nunca, sin que el cambio se notara mucho ya que las oportunidades de confraternizar en clase eran “tan”, yo diría demasiado. “tan” es con respecto a algo, y te quedás esperando: Tan limitadas... que..., y el “que” no llega nunca tan limitadas por el régimen monástico: votos de obediencia absoluta a la autoridad, silencio total en las filas a la entrada de la clase hasta la llegada del docente y terror en el aula donde los profesores dictaban cátedra con la ternura de aves de presa. A pesar de que ya no éramos compañeros de división y no pasábamos las horas de cincuenta El diccionario del Idiotaire me chifla que las horas no tienen 50 minutos, decilo de otra forma minutos entre timbrazos juntos, éramos tanto o más amigos que siempre en las otras ocasiones, O “fuera del aula” , y Tripas era el mismo Tripas de las bromas pesadas, ¡que había que andar sacando con el mango de un paragüas! o algo por el estilo    , Shuki el mismo flaquito de quinto grado que contestaba el "presente" con voz de castrato y Juan Pablo Más Vélez seguía creciendo cada día más alto, discutiendo cualquier asunto con el mismo barítono de locutor con el que contaba chistes.

Además, nuestra diáspora entre el resto de las divisiones cambió irreconociblemente la dinámica del claustro, tanto para los que nos transplantamos a nuestras nuevas divisiones como para los que nos recibieron. En la octava, la facha de Daniel Alhadeff no pasó desapercibida entre las chicas, salpicándonos de respetabilidad social a todos, el erudismo de Gluchi no Creo que quisiste poner “nos dio”  dio un aire de peso pesado intelectual, Kohan y Vierja Gómez en seguida aclararon con su potencia para los juegos de pelota y el atletismo respectivamente cualquier duda con respecto a si era mejor tenernos a favor o en contra para las próximas olimpíadas. La situación fue igual para el Tripas y el resto de la banda, que se insertaron en sus nuevas divisiones como coperas entre marineros de franco. Lo que multiplicó nuestro capital social fue que pasamos del ostracismo de la planta baja a tener una red de espías cómplices en cada división, transformándonos de la noche a la mañana en los alumnos mejor conectados del año, miembros de la farándula que nos paseábamos por los claustros como picaflores de alta sociedad por el Jockey Club. Por todos lados nos celebraban como niños precoces criados en el extranjero de la planta baja entre los ricos y famosos de cuarto año, a los que, de repente, todos querían conocer. Acá tengo un problema, porque solamente me nombraste el físico de la indiecita, qué onda. 

Los viajes de vuelta a casa en la Línea D, que hasta entonces habíamos hecho en resignado silencio y evitando atraer la atención de los otros pasajeros, se convirtieron en animadas tertulias subterráneas de decenas de chicas y muchachos. Como éramos los primeros en subirnos en la estación terminal de Catedral nos comportábamos como si fuéramos los dueños del tren, mirando de reojo a los pasajeros que se iban sumando en otras estaciones como si fuéramos los Anchorena y ellos inmigrantes tanos, hablando a los gritos sobre el ruido metálico de las ruedas y usando el vagón como el living de nuestra casa. Terminábamos ascendiendo en tropel las escalinatas de la estación de Plaza Italia, ya que hasta allí llegaba la línea antes que la extendieran a Belgrano, y nos quedábamos charlando por lo que parecían horas en sus amplias veredas a la entrada del Jardín Botánico, porque allí se respiraba el aire perfumado de los castaños de indias, magnolios y manzanos en flor que nos suspiraban una brisa de libertad, en la que se podían aflojar las corbatas y perderse las vinchas sin miedo a la represalia de los preceptores.

Ya bien caída la oscuridad del final de la tarde, uno a uno los gorriones iban abandonando la bandada para subirse al colectivo que los llevara a los barrios de Belgrano y Núñez, mientras que varios, como yo, remontábamos camino por Santa Fea pie, diez, o más cuadras hacia Palermo y Recoleta. Nos hubiera quedado más cerca bajarnos en una estación anterior, pero ¿quién hubiera querido perderse ese desvío de alegría en la rutina hasta entonces mayormente triste y sacrificada de nuestros días? ¿Quién hubiera dejado de mojarse los pies en el remanso de libertad que existía al final de la Línea D para ahorrarse una caminata?

¡Esos primeros días del tercer año trajeron cambios tan inesperados! La inyección de nueva sangre revitalizó el letargo de los dos años anteriores entre las filas de las otras divisiones, los cambios naturales de la adolescencia fueron desarrollando nuestros cuerpos y ambas circunstancias generaron un verdadero arco iris de nuevas sensaciones, posibilidades excitantes, e intrigantes descubrimientos. Comenzaron a debilitarse las inhibiciones típicas de la pubertad, que habían hecho de las chicas de nuestro año seres intocables, y nacieron los primeros romances entre los más audaces y maduros.

Yo estaba tan feliz con esta nueva actividad al fin de mi día escolar que no me importó mucho no haber acumulado todavía demasiadas reservas de madurez ni de audacia. Hasta que, para mi desgracia, me faltaron cuando a mí también me empezaron a asediar las fuerzas incontrolables de mi cuerpo, que me zarandearon como la coctelera de los vagones del subte andando a gran velocidad. De un día para el otro y sin aviso, la presencia de Poli Martínez, sentada en su banco tres filas adelante y dos a la derecha del mío, se volvió un fenómeno inquietante. Por algún motivo inexplicable por la ciencia comencé a sentirla como una señal de radar en la nuca, en los primeros días casi imperceptible, en las semanas siguientes notable, y en el transcurso de los meses imposible de ignorar. Era una aflicción física; una desconcertante ineficiencia al respirar, donde sufría la sensación de que me sobraba el aire, pero me faltaba el oxígeno. Pronto me era posible percibir y difícil ignorar la cercanía de Poli donde estuviera: en la vereda del colegio, en la sala de música, en el aula, en el vagón del subte o afuera del Jardín Botánico. Yo sabía, sin necesidad de verla, precisamente dónde se encontraba, y podía triangular con certeza la distancia que nos separaba por la intensidad de los latidos de mi corazón, la frecuencia de mi respiración y la dilatación de mis pupilas. Si ella me miraba en cualquier momento O “si ella en algún momento me miraba” , sobre todo a la distancia o desde un ángulo que se me ocurría era forzado y delator de una intención de observarme, y no de nuestras posiciones relativas al centro de atención Creo que sobra, “y no de nuestras posiciones relativas al centro de atención” , entonces el dial de mis latidos y respiración pasaba de normal a crítico en un instante. Vértigos y ocasionales golpes de aire frío a la garganta me dejaban mudo e imposibilitado de continuar la conversación cada vez que Poli me miraba, me dirigía la palabra o me ponía una mano sobre el brazo para no caerse cuando arrancaba o paraba el subte, que no era un incidente infrecuente.

Hubiera dado cualquier cosa por librarme de ese solitario nubarrón negro que perturbó los primeros momentos felices de la secundaria, pero mi cuerpo hacía oídos sordos al dictamen de la razón, que le decía a gritos que Poli era demasiado lejana, demasiado perfecta y simplemente demasiado para mí, que todavía me faltaban algunos centavos para el peso y enamorarme de ella no me traería más que penas y decepciones. Me contenté con esconder mis taquicardias y soponcios, porque frenarlos estaba fuera de mis manos, para limitarme a disfrutar aquellos momentos de A vos a mí nos suena “el colegio al que íbamos”, como a la primaria yo la llamo “el Euskal”, pero al lector que se quedó afuera de la honorable lista de alumnos le va a caer mal que pongas esa famosa mayúscula. Dejala si querés, para mí está bien (no es lo mismo “mis momentos en el Euskal” que “mis momentos en la primaria”,  yo te cuento nada más lo que van a pensar unos cuantos. Quizás si agregás un adjetivo de sorna, “momentos en el honorable Colegio”, aunque algunos tampoco la entienden. Colegio en que ella no estaba presente y demasiado cerca de mí.

Yo acá empezaría con un “Pero”, porque cambiaste radicalmente de tema Entre todas las mujeres que vimos por primera vez con ojos de hombre en la antesala de la madurez hubo una “femme fatale”, la única por la cual rompimos todos nuestros pactos de caballerosidad, cuyo amorío desató una competencia sin cuartel y por cuyos favores nos arrancamos los ojos desde entonces: ¡La Política! Yo voy a seguir diciendo ésta y éste con tilde porque soy vieja y no me importa que ya no sea necesario Ésta fue la única arpía capaz de despertar pasiones desmedidas, locuras necias e impulsos fratricidas entre hermanos del aula. Todavía no habíamos tenido la feliz desgracia de conocerla, porque aún estaba prófuga de la justicia militar, vivía en el exilio o mantenía una precaria existencia clandestina. Su hora de retornar a su lugar de honor en los claustros, sin embargo, iba llegando de la mano de su dama de compañía y factótum de siempre, la economía, cuyo rápido deterioro estaba haciendo la primera mella en la armadura del régimen militar. El optimismo del triunfo argentino en el mundial de fútbol En qué momento ocurrió el mundial de fútbol??? No te contaste ni una anécdota ya era un recuerdo lejano. Martínez de Hoz, el Lance Armstrong de la bicicleta económica, había renunciado un año atrás y se dedicaba a alambrar su rancho privado en el centro del Parque Nacional de la Ignominia, luego de la contracción feroz de una economía acostumbrada a irse de compras a Miami dos veces por año. A pesar de nuestra tierna edad todos sabíamos algo de estas cosas: el padre de alguno había contraído compromisos que ahora no podía pagar; la madre de otro culpaba durante la cena al gobierno por la pérdida de la fábrica que había sido el sustento de la familia desde la época de Onganía; los abuelos de algún otro más perdían sus ahorros en la quiebra de una financiera y se veían obligados a mudarse a la pieza de huéspedes de los padres. Y, si esto no fuera poco, todos conocíamos el nuevo valor de los dólares Alto o bajo?, la plata dulce la llamaban así por algo no? No me acuerdo bien, pero creo que me contaron que la anécdota era algo así como “qué barato que está el lavarropas, déme dos”. Eso para los chicos que no lo hayan vivido. , antes tan menospreciados pero ahora recordados con tanto cariño como la ilusión de prosperidad de la Plata Dulce.

Más o menos por aquel entonces, un tal Raúl Malcovich de nuestra nueva división, antes huraño y callado, comenzó a pronunciar palabras tabú tan innombrales como aquéllas del Parece una comparación, tabú como esas pero no esas, no se entiende. Tendría que ser “...tabú innombrables, muchas de ellas traídas...” o algo así para que no haya ambigüedades  marxismo-leninismo, de tal peligro mortal que hasta las autoridades las manipulaban con tenazas de acero, chaleco de plomo y guantes de amianto. Sacaban el engendro del frasco hermético con formol sólo para vacunarnos contra los horrores de la enfermedad que había arruinado la generación anterior de estudiantes del Colegio, y los había seducido con nociones idealistas de justicia social a hacerse revolucionarios, subversivos, guerrilleros y terroristas. Creo que tu poesía era en este orden: “Revolucionarios, subversivos, terroristas y guerrilleros”. Creo . . Raúl resultó ser hijo de uno de aquellos misioneros de Satanás que propagaron el evangelio del socialismo entre la juventud de los setenta. Dictaba cátedra de Filosofía y Letras en la Universidad de La Plata y era dirigente intelectual de la izquierda peronista. Al contrario de tantos de sus alumnos evadió el arresto escapándose a España en cuanto se rumoreó que su nombre había entrado en una lista. Dejó a su joven mujer e hijo con parientes en la relativa anonimidad de Buenos Aires pero nunca los abandonó. Se pasó los años del Proceso Qué quisiste decir con “correspondiendo con ambos” correspondiendo con ambos, Adoctrinando, indoctrinar supongo que es lo contrario adoctrinando pacientemente a su hijo, y recibiendo de él misivas semanales llenas de admiración y preguntas. No tenía miedo de que le lean el correo? .

Para resguardarnos del contagio y la metástasis del cáncer comunista, a nosotros los militares nos tenían bajo estricta cuarentena a tratamientos “ad nauseam” de quimioterapia patriótica, occidental y cristiana. Nos sometían a un constante bombardeo de arengas oficiales exhortándonos estudiar, obedecer y despreocuparnos por el sufrimiento de los pobres del mundo, que estaban en las buenas manos de las Fuerzas Armadas. En nuestro nombre y honor organizaban hogueras públicas con los libros de autores que yo no había leído, pero que tenían nombres poco criollos como García Márquez y Vargas Llosa. Para nuestro beneficio mantenían un ejercito de censores (o por lo menos un regimiento, ya que estaban dirigidos por un general) que se dedicaba a extirpar diligentemente el cáncer de la subversión y del sexo del arte, la música y la literatura. Estos santos varones de la tijera me protegieron por años contra el placer sublime de varias de mis películas favoritas, entre ellas La Naranja Mecánica, que tan alevosamente me deleitaría la veintena de veces que la vi desde entonces; o contra mis libros más queridos, como Cien Años de Soledad, entre cuyas dos tapas encontré una cuarta dimensión de dicha infinita y gloria eterna que me corrompió a soñar con ser escritor.

El joven Raúl, por el otro lado, creció tan expuesto al mundo de las ideas como yo al de las cuatro ruedas de mi patineta. Resultó ser inmune a las vacunas de la dictadura pero al mismo tiempo tan sanito que se daba el lujo de rechazar el abrazo protector del miedo que era nuestro mejor amigo en las horas de clase. Pronto nos infectó con su osadía, su pasión y el conjuro misterioso del pensamiento de sus próceres ideológicos: la injusticia y el contrato social de Jean Jacques Russeau, la dialéctica y el materialismo de Marx y Engels, el anarquismo de Pierre Joseph Proudhon, la hegemonía cultural de Antonio Gramsci, la revolución permanente de Trotsky. En eso las autoridades no se equivocaban: las jóvenes mentes todavía en formacion y bajo constante asedio de las hormonas éramos, sin importar Yo diría sin importar en qué época, “de qué época” suena a en el mismo momento en el tiempo, gente de distintas épocas, es decir edades de qué época, susceptibles a cuestionar las normas establecidas, a querer escapar el control de nuestros mayores, a aspirar a experimentar con las ideas, decidir por nosotros mismos y cometer nuestros propios errores. Raúl nos abrió la cabeza a un mundo nuevo lleno de descubrimientos que estaban en embriagante sintonía con esa ansia adolescente de rechazar la convención, de cortejar el peligro, y de abrirse camino por un mundo que le pertenecía a los grandes por la Vía, para separar la i de la a, sino sería un monosílabo con acentuación en la a: via.   vía de la protesta, los cuestionamientos sesgados y las rebeldías.

A medida que pasaban las semanas Yo lo volvería a mencionar: A medida que pasaban las semanas Raúl, el satélite del catedrático, nos seducía... (o algo así, te mandé lo primero que se me ocurre) nos seducía con nuevas nociones hasta entonces incomprensibles, pero que sus discursos Yo diría “pero que eran explicadas tan claramente por sus discursos como si...” explicaban tan claramente como si Euclides nos diera cátedra de trigonometría: la lucha de clases, la reforma agraria, la socialización de los medios de producción, el comunismo, la dictadura del proletariado, el imperialismo yanqui y el más impactante de todos los conceptos por ser el más comprensible y familiar para nosotros, porque definía el régimen de la mayor parte de nuestros días: la “dictadura militar”. Sus charlas nos fulminaban con su atrevimiento, su lógica intachable y la fuerza de persuasión para explicar las injusticias y los problemas de aquel mundo que toda generación anterior había negligido inexplicablemente, pero que era el destino manifiesto de la nuestra rectificar con soluciones obvias y simples a problemas perennes y complejos. Raúl explicaba las cosas con un lenguaje casi extranjero pero vertiginoso y excitante, que ponía patas para arriba las convenciones de nuestra educación hasta entonces.

Fue de su boca que escuché por primera vez la palabra que marcaría la conciencia argentina desde entonces: “desaparecido”. De él recibí la noticia fulminante de que los arrestos de personas por efectivos de civil en autos Ford Falcon verdes habían sido ilegales, y la gran mayoría de los capturados víctimas de torturas y otros vejámenes a manos de las fuerzas de seguridad determinadas a extirpar el cáncer de la subversión al precio de cortar por lo sano. Nadie sabía si estaban vivos o muertos, y menos que nadie sus madres, que le daban vueltas a la Plaza de Mayo todos los jueves con un pañuelo en la cabeza y lágrimas en los ojos, sin saber hasta cuándo aferrarse a la fe en su improbable aparición con vida. Yo recordaba vagamente haber presenciado uno de estos arrestos (¿o habían sido secuestros?) una vez, almorzando con mis padres en el Tigre. Me quedó marcado en la memoria porque involucró, además de los Falcon oliva, un helicóptero que hizo un ruido infernal y me voló los rulos. Su aterrizaje cerca de nuestro restaurante en plena calle, las corridas de bigotudos de civil empuñando pistolas y la marcha de los reos con las manos tras las espaldas hacia el Ford Falcon fue una de las cosas más excitantes que habia presenciado hasta entonces, pero causó suficiente terror como para que mis padres se tiraran al suelo encima de mi hermana y de mí. Fue tema de discusión entre ellos, en la vena de "algo habrán hecho", por un tiempo largo. Esta oración no se entiende, porque uno no los conoce a tus padres, ¿uno decía algo habrán hecho y el otro que no se justificaba? Además, ¿sabían que iban para desaparecidos o pensaban que eran arrestos comunes? largo.

En los días, semanas y meses que siguieron, la revelación de la existencia de los desaparecidos comenzó a hacerse vox populi en el país, dándole más credibilidad y resonancia a las aseveraciones descabelladas de Raúl. Tal vez haya sido el secreto peor guardado de nuestra historia, pero uno que doy fe no conocía ninguno de los adultos con los que yo tenía contacto, o que O “que” tal vez callaban por miedo. Las fuentes oficiales honraron los rumores montando una campaña indescifrable, de negación de los hechos por un lado y de la justificación de su necesidad por el otro. Ésta fue la semilla de donde creció el roble de la politización de nuestra generación, que rápidamente Se dice echar raíces, echó raíces largas diría yo hizo raíces largas y En cambio no se echan ramas, podrías decir “y se ramificó de forma ininterrumpida hasta la generación de hoy”, por ejemplo, o “y cuyas ramas...” echó ramas que llegan ininterrumpidas hasta la generación de hoy. No era para menos, ya que en plena etapa de descubrimientos desconcertantes el más revolucionario de todos fue descubrir que aquellos que nos privaban de libertades bajo la excusa de librarnos del mal guardaban en el closet treinta mil de nuestros esqueletos.

Aunque nunca antes había sido un tema de charla con mis compañeros (y para cuando lo fue no me hubiera atrevido a confesárselo a nadie), el Proceso de Reorganización Nacional había sido para los míos el gobierno de la razón, del orden, de la victoria del mundial de fútbol, Que nunca mencionaste, podrías mencionarla cuando contás el mundial del 82  , de los viajes a Brasil y a Miami y del antiterrorismo. Mi generación no había conocido nada mejor, y la de nuestros viejos tal vez había aceptado el rigor y la obediencia como el precio del orden, pero Raúl y sus revelaciones nos desvirgaron a todos de esa inocencia.

Raúl tenía, sin embargo, un carácter frío como el vidrio y de igual  “y de bordes igual de filosos”  bordes filosos. ¡Extraño para una Pareciera que estás diciendo otra cosa, “Era extraño en una persona tan...” se entiende bien persona tan preocupada por la justicia social, la igualdad y la franternidad! Su más grande anhelo era derrumbar el edificio entero del capitalismo porque lo ofendía su núcleo de interés avaro y egoísmo. Odiaba las grandes corporaciones, el fin de lucro, el imperialismo, la desigualdad y la opresíon de los más débiles. Sin embargo esto no le impedía tratar de imbéciles a los de otra opinión, de ignorantes a los apáticos y de reaccionarios a los que cuestionaban lo que él ya había dado por sentado.Guardaba su peor vitriolo para los crímenes, la prepotencia y los métodos de la dictadura militar, pero soñaba con la dictadura del proletariado, que eliminaría a todos los enemigos del pueblo, entre los que se contaban aquellos de nuestros compañeros que lo fastidiaban con opiniones distintas. Tal vez por eso, a pesar de ser una de las personas más conocidas del Del año que empezó el primero de enero, quisiste decir “en el año”, en tercer año año, no se le conocía ningún amigo como yo lo tenía a Daniel Alhadeff, al Tripas o Martín Kohan. Sin embargo sus diatribas políticas erizaban la piel y eran de escucha compulsiva, como eran profundos y Más que misteriosos... yo diría de misterioso origen, o sacados de bibliotecas misteriosas, de misteriosa procedencia... o incluso de bibliotecas invisibles... algo así misteriosos sus conocimientos de temas políticos y económicos que nos hipnotizaban a todos. Era un predicador de prodigiosos dones de persuasión, que no tuvo muchas dificultades para enardecer al coro de pecadores ingenuos que éramos. Llevábamos años rezando a diario por un mesías que nos rescatara del régimen del Ángel Gris que desparramaba tristeza en los claustros. Mejor era no fastidiarlo y atribuir su mal humor a la indignación frente a la injusticia del mundo, la prepotencia de los intereses creados, los abusos de poder de los fuertes y los caprichos de los autoritarios. Compartíamos ese odio con el fuego típico de la juventud. Con su ayuda, veníamos alimentando sus llamas hasta que ya nos consumían.

Sentimos entonces el efecto intoxicante del idealismo, alucinógeno como el opio y acelerante como una anfetamina, que hace ver con nitidez engañosa la línea de separación entre el bien y el mal, y marca el sendero luminoso hacia la colina de la libertad, la igualdad y la fraternidad donde nos esperaba una Nueva Jerusalén de paz y amor. Pero ninguna de estas nuevas ideas estaba fielmente reflejada en la música ni en la letra ininteligible de “Otro muerde el polvo” de Queen, “Llámame” de Blondie, ni en las tantas otras canciones extranjeras que habían formado la banda sonora de la película de nuestra adolescencia hasta entonces. Con la ayuda y guía de Raúl las reemplazamos en pasa Como antes, juraría que es pasacassettes, en todo caso pasacasetes todo junto casetes y tocadiscos por Se reemplaza “por” otros artistas, pero en todo caso es “los” reemplazamos, a los artistas anteriores, o “las” reemplazamos a las letras por las de otros artistas otros artistas, que cantaban un cancionero más a tono con nuestros sentimientos y aspiraciones, un cancionero que echaba sal en las heridas de nuestra indignación, como (de Pedro y Yo diría como Pedro y Pablo, que rezaban así: Pablo):

Bronca cuando está prohibido todo
Hasta lo que haré de cualquier modo
Bronca cuando no se paga fianza,
Si nos encarcelan la esperanza
Bronca de la brava, de la mía,
Bronca que se puede recitar.

Para el que ha marcado las barajas
Y recibe siempre la mejor.
Con el as de espada nos domina
Y con el de basto te entra a dar, y dar, y dar.

Bronca, pues entonces cuando quieren
Que me corte el pelo sin razón.
¡Es mejor tener el pelo libre
Que la libertad con fijador!”

O nos enseñaban nuevos catequismos de militancia, como (de “como cuando Piero cantaba”, diría yo Piero):

Libertad era un asunto
Mal manejado por tres.
Libertad era Almirante,
General o Brigadier.

Para el pueblo lo que es del pueblo
Porque el pueblo se lo ganó
Para el pueblo lo que es del pueblo
Para el pueblo liberación”

O nos daban visiones de venganza sobre los soberbios cuando triunfaran nuestras ideas (de Pablo Como soñaba en voz alta Pablo Milanés, diría yo Milanés):

Y volverán los libros, las canciones
Que quemaron las manos asesinas
Renacerá mi pueblo de sus ruinas
Y pagaran su culpa los traidores.”

Estas canciones nos quemaron las sienes con un nuevo calor, jamás sentido durante la niñez, e hicieron que se nos llene el pecho de esperanzas y de lágrimas los ojos, porque no nos cabía en el cuerpo ni toda la vida que teníamos corriendo por nuestras venas, ni toda nuestra fuerza de voluntad Fuerza de voluntad “para”, diría yo de cambiar el orden del mundo que recibimos de nuestros padres en tan paupérrimo estado, ni toda la fe con que sentíamos, de golpe, que nada era imposible: un colegio diferente, un país mejor y un futuro donde haya justicia para todos, y no existan la prepotencia, la desigualdad ni el egoísmo.

Yo sentía el fuego interior de las mismas pasiones solidarias de mis compañeros, marchaba al tambor de los mismos ideales y cantaba mi bronca con la misma sentida convicción, pero guardaba en el corazón un secreto culpable, un secreto que nunca revelé a nadie porque me llenaba de frustración e impotencia: había en mi alma una pasión egoísta y mezquina, que me consumía con más intensidad y traicionaba mi compromiso con los violentados y los desposeídos del mundo. Esa pasión también me gobernaba por la fuerza, ejercía sobre mis ánimos una monarquía absoluta en contra de mi constitución republicana, era igual de prepotente e injusta, y para la cual yo no tenía ninugun recurso de amparo. Esa pasión era mi amor secreto por Poli Martínez, la misma que me sometía por la fuerza a pensar en ella en todo momento, sin desviarme de la ortodoxia de quererla.

Yo también tenía, sin embargo, mis propias armas de resistencia secreta en aquella guerra sucia, en aquella lucha de la muchedumbre mansa de la razón contra los tanques y bastones largos del corazón, y mi as de espadas era también una canción de protesta, que condenaba los abusos, las prepotencias y el autoritarismo del anhelo ingobernable, que yo repetía como un rosario tantas veces por día como me atacaban los pensamientos de ella. Aquella canción fue la que Silvio Rodríguez intituló simplemente, mitad expresión de deseo y mitad maldición, "Ojalá" y que decía así:

"Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan
Para que no las puedas convertir en cristal.
Ojalá que la lluvia deje de ser el milagro que baja por tu cuerpo.
Ojalá que la luna pueda salir sin ti;
Ojalá que la tierra no te bese los pasos.

Ojalá se te acabe la mirada constante,
La palara precisa, la sonrisa perfecta.
Ojalá pase algo que te borre de pronto
Una luz cegadora, un disparo de nieve
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte,
Para no verte tanto,
Para no verte siempre en todos los segundos,
En todas las visiones.
Ojalá que no pueda
Tocarte ni en canciones.”

Esta melodía, sin más orquestación que hábiles rasguños sobre las cuerdas de una guitarra española, entonaba palabras robadas textualmente del fondo culpable de mi alma. Esas palabras eran el canto de cisne de mi inocencia, el himno de mi amargura por la traición de una serpiente que me había No se dice “engañado a”, intimado a comer con engaños, algo así engañado a comer de la fruta prohibida, y destinado a abandonar por el resto de mis días el Edén del amor Platónico no es, asexuado podrías decir, está filial, fraternal etc pero queda largo platónico por mis padres y hermana, mis familiares y amigos, para desterrarme al confinamiento de una torre solitaria, donde estaba condenando por el resto de mis días a amar a una Eva distante e inaccesible, que pocos indicios me daba de, algún día, desearme con un décimo de mi intensidad. Ese amor me sometía a la Manumisión? manumisión del desprecio, el sufrimiento y la tribulación del amor no correspondido.

Éste fue mi castigo por haberme tropezado con el conocimiento más revolucionario, más subversivo, más guerrillero, más terrorista de toda la vida de un hombre: el descubrimiento del amor por una mujer.

Comentarios del capítulo.

Ninguno... estuvo bien. Era verdad que retomabas la atención cuando la ponías a Poli. Fijate que hiciste lo que te dije que también tiene que estar antes: tu vida cotidiana es Poli y Poli y Poli, pero pintaste el mundo detrás de tu yo-y-Poli, te divagaste con el Proceso y la protesta y el descubrimiento de la política, y el lector lo lee y quiere leer el siguiente capítulo porque ¿qué pasó con Poli?, pero el Proceso y todo eso también estuvo divertido, nada más que uno no tiene ganas de leer el capítulo siguiente para que le tiren una perorata gratuita sobre las canciones de protesta ni sobre el baño del campo de deportes, eso te decía.
 
  
  
 
 
 
 
 
 
  
 
 

 
 
 

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