martes, 28 de julio de 2015

Ciclo Básico Común comentarios Romina 17-05-2014

Derechos de autor de Diego Gotthelf, versión: comentarios Romina 17-05-2014

Ciclo Básico Común



Uno de los beneficios más codiciados del diploma de bachiller que otorgaba el Colegio Nacional de Buenos Aires era que venía con la Yo no lo llamaría yapa, hay que sufrir esa yapa! Con la garantía, con el pase, con... aunque siempre pienso que eso se desvirtúa cuando el acceso a la universidad no es restringido, no es algo que la gente diga oooOOOOoohhhhHHHh verdad? En mi época al menos, hacías sexto año para no aburrirte en el CBC que tomaba un nivel ridículamente bajo. A los que renunciaban a hacer sexto y hacían el CBC los llámabamos ladris, chantas, de todo :) A lo mejor si reordenás la información, y contás que para entrar a la UBA había que dar un examen de ingreso, que no era necesario con el título del Nacional, ahí sí. yapa de acceso libre y directo a la universidad que lo administra desde 1910, la única de Latinoamérica que podía hacer alarde de cuatro premios Nobel entre sus graduados, la Universidad de Buenos Aires, mientras que la plebe de otros colegios secundarios todavía tenía que pasar un examen de ingreso riguroso y difícil. Pero la Universidad no nos regalaba este privilegio por ser miembros acomodados de su familia. ¡Al contrario! Nos lo hacía ganar con sangre, sudor y lágrimas, asignándonos sus profesores más exigentes, enseñándonos sobre la base de un currículo superior e imponiéndonos, además, el sacrificio de un sexto año preparatorio adicional que no tenían que cursar el resto de los colegios. No era casualidad, entonces, que los pocos que sobrevivíamos al trajín de estudios del Nacional Buenos Aires estábamos tan bien preparados para las exigencias de una carrera universitaria, porque hacia ese objetivo, precisamente, apuntaban todos los días de nuestra formación en el Colegio.

El retorno de la democracia a nuestro país trajo muchos cambios positivos al régimen de nuestros años finales en el Colegio: la desaparición ignominiosa de todos los personajes siniestros que nos atormentaron durante la dictadura, la restauración de la relación de respeto hacia nosotros por parte de los docentes y las autoridades, la abolición del aborrecido uniforme y el levantamiento de todas las mil restricciones en nuestra rutina diaria. No todos los cambios fueron, sin embargo, tan bienvenidos como Yo soy vieja y le puse tilde éstos. Hubo uno en particular que perjudicó a mi promoción de una manera desigual e insoportable, que nos hizo volver a sentir las injusticias y prepotencias del pasado como se sienten las viejas heridas de guerra, y nos obligó contra nuestra voluntad verdadera a considerar si valía la pena, realmente, terminar nuestra educación en el Colegio.

El nuevo gobierno decidió democratizar la educación terciaria, eliminando el examen de ingreso a las universidades estatales e introduciendo, en su lugar, un primer año común a todas las carreras que sirviera para preparar a los que no habían tenido la suerte de acceder a nuestra educación privilegiada, a los que hicieron sus estudios en colegios normales, de calidad de enseñanza dispar, nivel socioeconómico tal vez menos privilegiado y, en general, recursos bastante inferiores. Fue así que nació el Ciclo Básico Común, que han cursado más de un millón de jóvenes en los últimos treinta años. Me parece que esa estadística es súper innecesaria, demasiado cirueloide. No es muy estimativa de lo que vale el CBC para la cabeza de uno, pero tampoco sé qué impresión trataste de dar así que no tengo sugerencias... ¿aumentó el número de inscriptos a la UBA por el CBC? O qué En esos primeros días de la democracia, cuando la sociedad daba pasos vertiginosos de la oscuridad hacia la luz, de la prepotencia hacia el derecho y de la arbitrariedad hacia la razón, supusimos que la venerable Universidad de Buenos Aires, nuestra alma mater, nos salvaría de la injusticia de hacernos cursar este nuevo Ciclo Básico Común. Considerábamos, Yo requetesacaría esa coma de ahí que los años que pasamos bajo su tutela serían prueba suficiente que teníamos la requerida “formación básica”. Después de todo, ¿no aparecía su nombre antes que el del mismísimo Colegio en el título de Bachiller, ese que pagamos con media vida de arduos estudios, esfuerzos y sacrificios? Sin embargo supusimos mal, porque luego del Ya sé ya sé, el diccionario, los seres comunes decimos período. .

período de confusión de varias semanas que siguió al anuncio de su creación en nuestro quinto año, la Universidad nos comunicó sin consultas, pésames ni disculpas que quedaban revocados todos nuestros privilegios de libre entrada a la universidad, que quedábamos sujetos al mismo régimen que cualquier hijo de vecino, y nos remató con la injustificable noticia que esto de ninguna manera afectaría el sexto año de estudios suplementarios, que debíamos cursar obligatoriamente si queríamos recibir un diploma de Bachiller.

Éste fue un golpe difícil de aceptar para aquéllos que todavía teníamos fresca la memoria de las decisiones de finalidad sin recurso a la que nos había acostumbrado la dictadura, para aquéllos que esperábamos que la democracia nos tratara, finalmente, como ciudadanos con una voz en nuestro propio destino, para aquéllos que lidiábamos, encima, con la tendenciosidad de la adolescencia, cuando un año más en los claustros era la prolongación intolerable de una etapa de la vida que ya considerábamos superada, una postergación más de nuestras ambiciones de ser, finalmente, adultos, y un año menos para abrirnos camino en el mundo excitante de los grandes al que no veíamos la hora de pertenecer de una vez por todas. Los de esa promoción, la primera que debería cursar el Ciclo Básico Común además del sexto año de estudios, suspendimos toda voluntad de estudio para poner nuestras energías al servicio de corregir esa injusticia. Hubiera sido lindo que lo dijeras más en primera persona, como si fueras ese chico de 17, en lugar de tan de lejos. Por ejemplo empezar diciendo ¡qué golpe difícil de aceptar! En lugar de ése fue un golpe difícil de aceptar... .

Intentamos, primero, alistar el apoyo del Centro de Estudiantes, pero ellos estaban demasiado ocupados con temas de la política nacional como para ayudarnos. Cómo, cómo se reunía el centro de estudiantes, quién era el presidente, fuiste a un aula de reunión y levantaste la mano, etc etc. quizás sea divertido contar tus peripecias para tratar de llegar al centro y describir en algún gesto la personalidad “del centro” o de sus dirigentes de ese momento . Para ellos la democratización de la educación era un fin noble, y si a nosotros nos tocaba perjudicarnos, lo deberíamos considerar un pequeño precio personal en pos de un gran beneficio a la comunidad. Esta lógica, de más está decirlo, no nos convenció a sacrificar, como lo veíamos, un año de nuestra juventud en el altar de la democratización, pero nos cerró la puerta a una resolución de nuestro dilema a por esa vía. Y si la última oración la decís como metáfora, digamos “salimos de la reunión del centro y cerramos detrás nuestro la puerta, puerta que también cerraba una posible vía de resolución...” algo por el estilo, bien escrito, como dando la imagen de que la puerta se cerraba literalmente y metafóricamente.

Daniel Alhadeff y yo ideamos, entonces, un plan que nos daría finalmente la solución a todos nuestros problemas: Y lo decidimos mientras tomábamos un café con leche en el bar de la esquina, decite algo que te ubique en ese momento dale s: terminaríamos en otro colegio nuestro quinto y último año de secundaria para cursar Más épico: tuvimos la sagaz idea, daríamos pasos de zancos hasta adelantarnos un año al resto, no tengo imaginación ahora pero estaría bueno poner acá imágenes así, correríamos como chitas un año por delante, qué sé yo, es etapa de planificación, de construir en el aire, y enfatizar, sí, en otro colegio, porque es una medida drástica el Ciclo Básico Común un año antes que nuestros compañeros del Buenos Aires. Compartimos el plan con algunos compañeros, y Jano y el Mono Bacchi se prendieron con entusiasmo. Aunque significara graduarnos de bachilleres con un titulo de otro colegio, coincidimos que ése era un detalle menor, un precio que valía la pena pagar para ahorrarnos un sexto año de clases inútiles y sin sentido. Nos hicimos varias ratas para ir a visitar colegios en mi barrio y en otros de la zona, donde confirmamos que el plan era factible, pero había un límite a la fecha de nuestro eventual traspaso de colegio: no nos aceptarían después del comienzo del último bimestre de clases, en tan sólo dos semanas. Y vuestros padres qué pensaban de todo esto? Los dejaban hacer sin tner que consultarles nada? Qué modernos..

Apremiados por la diminuta ventana de tiempo para la maniobra, nos decidimos por Por “el” colegio, se te pasó  el colegio General Sarmiento, a unas pocas cuadras de la plaza Vicente López no muy lejos de mi casa, donde teníamos uno o dos ex compañeros del Buenos Aires que habían acumulado más de una materia previa y no pudieron continuar su educación en el Colegio “que se cambiaron del Buenos Aires teniendo más de una previa”, más corto (porque técnicamente nunca te echan, rendís libre) . A partir de esta elección llenamos Llenamos valientemente, diría yo.  los formularios de baja del Buenos Aires, que presentamos al gordito que atendía en la oficina de Administración, uno que le tenía desde siempre una simpatía desmedida e indecorosa a Daniel, tal vez por su look de galancito, sus espaldas anchas y cintura estrecha, aunque tampoco ayudaban su sonrisa ganadora o su irresistible atractivo juvenil. A sabiendas de esta debilidad, Daniel lo chamuyó para asegurarse que no hubieran demoras en nuestra inminente partida, pero tuvimos tan mala suerte que a los dos días el personal no docente del Colegio entró en huelga por tiempo indeterminado, Huelga en plena primavera de la democracia? Ay no sé, contate algo de contexto ahí, diría yo , y sin habernos concedido la baja, las ruedas de la administración se detuvieron abruptamente hasta próximo aviso.

Desesperados y sin saber qué hacer para poder llevar a cabo el plan que consumía todos nuestros pensamientos y preocupaciones, Sólo quedaban tantos días para hacer el pase de escuela... , decidimos peticionar a la única autoridad a la que le teníamos fe y confianza, sabíamos estaría de nuestro lado y vería con nuestros ojos la injusticia de hacer ambos el sexto año y el Ciclo Básico Común. Esa persona era Pancho Azamor, nuestro querido profesor de Historia Antigua que, encima, para ese entonces ya era vicerrector del Colegio, con suficiente autoridad para mover las palancas de la administración. Lo encontramos durante un recreo en el atrio de la entrada, cuando se dirigía a la sala de profesores para su descanso, vistiendo, como siempre, su distintivo moño y chaleco.

Ves cuando hablás de tu querido pancho volvés a “la primera persona”, así tenía que haber sido antes también, con el centro de estudiantes, con la huelga, que se escuchan tan lejanos y de crónica por obligación (sorry si te dueleee) . “Ave Augustus” lo intimé cariñosamente, “queríamos hablar con usted a ver si nos puede ayudar, porque con el tema del CBC hicimos el pedido de pase a otro colegio para poder terminar el secundario este año, pero con la huelga administrativa los papeles no han salido todavía. Tenemos nada más que dos semanas para pasarnos porque después empieza el bimestre final y ya no nos aceptarán en el nuevo colegio.”

A lo que inesperadamente para nosotros, seguros de que comprendería nuestra épica empresa... Estás en pedo, Gotthelf. ¡Es una pésima idea!”

- “Yo no creo que sea tan mala idea, don Pancho”, le dije.

s familiarmente, confundido por su reacción inesperada, “porque si nos quedamos al final vamos a terminar estudiando un año más y ¿para qué?”

- “Jacobito”, me dijo, “Relajate. A tu edad un año parece una eternidad, pero, fijate: la vida es como un rollo de papel higiénico, cuanto más te acercás a final, más rápido pegás cada vuelta.”

- “Es que usted no entiende, Ave Augustus”, le protestó Daniel. “Póngase en nuestro lugar… ¿Qué sentido tiene quedarse un año más en el Colegio? Cualquier hijo de vecino puede ir a la facultad y entrar un año antes que nosotros. ¿Cómo puede la universidad pedirnos que hagamos un curso que los compañeros que se recibirán este año no tienen que hacer? Es injusto, además de ilógico.”

- “Entiendo cómo te sentís, Alhadeff, pero el diploma del Nacional Buenos Aires abre muchas puertas. Con él podes estudiar en cualquier universidad del mundo: la Sorbona, en Oxford, en Cambridge Ahhhh lo habías contado antes de “Diploma”, ya ¡Donde quieras! ¿No eras vos el que se quería ir a estudiar a Suiza? ¿Qué titulo te parece les va a gustar más, el del Colegio Nacional de Buenos Aires o el Almirante Cuchuflito de Berazategui? ¿Qué problema hay si tenés que estudiar un año más? ¡La vida es larga, nene! Creeme, yo que ya soy grande y he vivido un poquito más que vos te lo aseguro: vale la pena aguantarse. Si te vas del Colegio sin su título, algún día te vas a arrepentir, no sé si mañana o pasado, pero pronto, y entonces no tendrá remedio. Me vas a venir a ver para decirme ¿por qué me dejó partir? ¿Por qué no me dijo que era un imbécil y me obligó a quedarme?”

- “¡Pero, don Pancho!”, suplicamos los dos.

- “¡Nada! Ustedes saben que yo los voy a ayudar con cualquier cosa… ¡Menos con esto! Vayan, vayan… y, por favor, no hablemos nunca más del tema.”

Esa fue la primera vez que me había desilusionado y sus consejos no me habían servido de nada. Fue otra gran decepción, que cerró la única vía todavía disponible para llevar a cabo nuestro plan de ganar, como lo veíamos entonces, un año más de vida.¿O fue el segundo portazo? Si te gusta. O la segunda puerta que veíamos cerrarse hasta rozar nuestras narices... lo que se te ocurra, si te gusta 

Cuando todo parecía perdido y nos habíamos resignado a nuestro destino, sin embargo, unos días Al día tanto de la cuenta regresiva para el pase... o algo así, más divertido si lo contás como si vivieras una cuenta regresiva después de la cual no se puede hacer nada antes de la fecha límite para nuestro traspaso al General Sarmiento se acabó la huelga y Me gusta más que se vea la imagen primero: se acabó la huelga y el mostrador (de planta baja? de...) se iluminó abierto al público con el flamante Gordito de administración sonriendo como siempre al público (redacción de ejemplo de lo que te trato de decir) el gordito de la Administración volvió a abrir su mostrador al público. En seguida salieron los papeles de baja del Mono y Jano, y los dos se pasaron de colegio. Se fueron del Nacional Buenos Aires de un día para el otro sin decir adiós, alegres y sonrientes, rumbo al horizonte de sus últimos días de colegio, sus sentencias a un año más como borregos de secundaria revocadas, mientras que nosotros, los ideólogos del plan, los autores morales de la estratagema para obtener la libertad incondicional, seguíamos en la gayola, esperando la ilusoria firma de nuestra papeleta de libertad, que no podía tardar, pero que no salía. El gordito estaba contentísimo, porque lo visitábamos varias veces por día, pero aunque hacía todo el esfuerzo que le permitía su simpatía para retenernos en la Administración charlando de fútbol y haciendo caritas, nunca tenía Creo que el ninguna sobra ninguna noticia concreta para darnos. Pasó un día largo, luego dos, sin novedades, y al tercero, ya cansados de charlar de fútbol bajo la mirada libidinosa del gordo sin que nos dé ninguna información útil, demandamos saber por qué se estaban retrasando tanto nuestros papeles, que si no salían en horas quedaríamos empomados con un año más de colegio que, luego de haber contemplado su eliminación, nos parecía ya intolerable. De nuevo me gustaría otro orden, que presentías que sabía algo me hubiera gustado que lo contaras antes de que le seguiste la corriente 3 días con charlas de fútbol y después le demandaste saber. . El gordito escondía algo que no nos quería decir, y que a mí me ponía nervioso. 

Harto y frustrado, me enojé con 
él. Como olía a sabotaje... 

Le empecé a gritar que queríamos irnos del Colegio, que eran nuestros papeles y no tenían ningún derecho a negarnos la baja, pero Daniel, más tranquilo y diplomático, me hizo señales de calmarme, de hacerme humo y dejarlos solos para poder hablar más íntimamente, aprovechándose de la debilidad impropia que tenía el gordo por sus ojos negros.

Luego de un par de minutos a solas en la oficina, salió con cara de haber sufrido un estupro.
- “¡Hijo de puta!”, dijo, y se fue caminando rápido hacia nuestro claustro.

Sin saber si había pasado algo raro lo seguí a paso rápido. Luego de unos instantes le pregunté, delicadamente:

- “¿Todo bien, Dani?”

- “Prometeme que te vas a quedar en el molde y no vas a buchonear nada.”

- “Claro, boludo, te prometo…”

- “Estamos jodidos…”

- “¿Cómo? ¿Por qué?". Me De tratar de imaginar por qué tenía esa cara llegué a una conclusión que me obligó a preguntarle ¿le pegaste?, llo que te quiero decir es que digas que su cara te llevó a imaginarte eso porque no te imaginabas otra cosa imaginé lo que habría hecho el gordo a solas con Daniel y le pregunté: "¿Le pegaste?”

- “No, boludo. ¡Es Azamor!”, me dijo finalmente. “El gordito dice que Pancho tiene nuestros legajos para que no nos podamos ir, y no los va a largar hasta fin de año, pero le hizo jurar que guardaría el secreto hasta la tumba. ¡No podemos decir nada!”

Así fue, entonces, que en vez de terminar nuestra secundaria en otro colegio nos vimos forzados por la traición de Pancho Azamor a volver al Nacional Buenos Aires el año siguiente, a cursar nuestro sexto año suplementario de secundaria, obligatorio solamente para los alumnos que reciben su título de bachiller del Colegio Nacional Buenos Aires, pero que para entonces ya no nos garantizaba el privilegio de la entrada libre y directa a una carrera universitaria, y al final del cual, y recién entonces, pudimos hacer el Ciclo Básico Común, como cualquier hijo de vecino Al párrafo final le faltan, como a varios, imágenes que lo sitúen a uno en el momento y lugar, pero sobre todo no es necesario repetir por enésima vez lo que significa hacer un año más de secundario, lo dijiste todo el capítulo. Con decir “Con la cabeza gacha y tragándonos la bronca de haber sido pasados por encima con el agravante del vínculo, “ contás y listo. Lo que sí podrías agregar como última línea es algo así como “Oxford, Cambridge... qué lejos que sonaban esos lugares y qué cerca que estaba la tortura de un año extra de secundario...” .



Comentarios
Salvo en tu charla con Azamor, me pareció que todo pasó muy rápido, como quien resume una novela para machetear y dar un examen. Sobre todo como te fui contando podrías explotar lo que viviste en relación al centro de estudiantes y que se vea un poco cómo funcionaba (o cómo no funcionaba), y quizás podrías contar que el ex alumno que se cambió de colegio veía tal o cual diferencia con cursar en el CNBA. Lo mismo la parte en que te imaginaste de todo y le preguntaste si le pegó al gordito, como habiéndote hecho toda la película, me hubiera gustado leerlo más pausado, que te regodearas en la cara que tenía y todo lo que flasheaste tratando de calcular por qué tenía semejante cara. Y la administración, ¿en qué piso estaba? ¿Cómo era? No es lo mismo la lúgubre mayordomía del subsuelo color lamparita eléctrica que lo que se ve en la planta baja al terminar de subir esas imponentes escaleras de mármol.
 
   
 

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