Ciclo Básico Común
Uno
de los beneficios más codiciados del diploma de bachiller que
otorgaba el Colegio Nacional de Buenos Aires era que venía con la Yo no lo llamaría yapa, hay que sufrir esa yapa! Con la garantía, con el pase, con... aunque siempre pienso que eso se desvirtúa cuando el acceso a la universidad no es restringido, no es algo que la gente diga oooOOOOoohhhhHHHh verdad? En mi época al menos, hacías sexto año para no aburrirte en el CBC que tomaba un nivel ridículamente bajo. A los que renunciaban a hacer sexto y hacían el CBC los llámabamos ladris, chantas, de todo :) A lo mejor si reordenás la información, y contás que para entrar a la UBA había que dar un examen de ingreso, que no era necesario con el título del Nacional, ahí sí. yapa
de acceso libre y directo a la universidad que lo administra desde
1910, la única de Latinoamérica que podía hacer alarde de cuatro
premios Nobel entre sus graduados, la Universidad de Buenos Aires,
mientras que la plebe de otros colegios secundarios todavía tenía
que pasar un examen de ingreso riguroso y difícil. Pero la
Universidad no nos regalaba este privilegio por ser miembros
acomodados de su familia. ¡Al contrario! Nos lo hacía ganar con
sangre, sudor y lágrimas, asignándonos sus profesores más
exigentes, enseñándonos sobre la base de un currículo superior e
imponiéndonos, además, el sacrificio de un sexto año preparatorio
adicional que no tenían que cursar el resto de los colegios. No era
casualidad, entonces, que los pocos que sobrevivíamos al trajín de
estudios del Nacional Buenos Aires estábamos tan bien preparados
para las exigencias de una carrera universitaria, porque hacia ese
objetivo, precisamente, apuntaban todos los días de nuestra
formación en el Colegio.
El
retorno de la democracia a nuestro país trajo muchos cambios
positivos al régimen de nuestros años finales en el Colegio: la
desaparición ignominiosa de todos los personajes siniestros que nos
atormentaron durante la dictadura, la restauración de la relación
de respeto hacia nosotros por parte de los docentes y las
autoridades, la abolición del aborrecido uniforme y el levantamiento
de todas las mil restricciones en nuestra rutina diaria. No todos los
cambios fueron, sin embargo, tan bienvenidos como Yo soy vieja y le puse tilde éstos.
Hubo uno en particular que perjudicó a mi promoción de una manera
desigual e insoportable, que nos hizo volver a sentir las injusticias
y prepotencias del pasado como se sienten las viejas heridas de
guerra, y nos obligó contra nuestra voluntad verdadera a considerar
si valía la pena, realmente, terminar nuestra educación en el
Colegio.
El
nuevo gobierno decidió democratizar la educación terciaria,
eliminando el examen de ingreso a las universidades estatales e
introduciendo, en su lugar, un primer año común a todas las
carreras que sirviera para preparar a los que no habían tenido la
suerte de acceder a nuestra educación privilegiada, a los que
hicieron sus estudios en colegios normales, de calidad de enseñanza
dispar, nivel socioeconómico tal vez menos privilegiado y, en
general, recursos bastante inferiores. Fue así que nació el Ciclo
Básico Común, que han cursado más de un millón de jóvenes en los
últimos treinta años. Me parece que esa estadística es súper innecesaria, demasiado cirueloide. No es muy estimativa de lo que vale el CBC para la cabeza de uno, pero tampoco sé qué impresión trataste de dar así que no tengo sugerencias... ¿aumentó el número de inscriptos a la UBA por el CBC? O qué En
esos primeros días de la democracia, cuando la sociedad daba pasos
vertiginosos de la oscuridad hacia la luz, de la prepotencia hacia el
derecho y de la arbitrariedad hacia la razón, supusimos que la
venerable Universidad de Buenos Aires, nuestra alma
mater,
nos salvaría de la injusticia de hacernos cursar este nuevo Ciclo
Básico Común. Considerábamos, Yo requetesacaría esa coma de ahí que
los años que pasamos bajo su tutela serían prueba suficiente que
teníamos la requerida “formación básica”. Después de todo,
¿no aparecía su nombre antes que el del mismísimo Colegio en el
título de Bachiller, ese que pagamos con media vida de arduos
estudios, esfuerzos y sacrificios? Sin embargo supusimos mal, porque
luego del Ya sé ya sé, el diccionario, los seres comunes decimos período. .
período
de confusión de varias semanas que siguió al anuncio de su creación
en nuestro quinto año, la Universidad nos comunicó sin consultas,
pésames ni disculpas que quedaban revocados todos nuestros
privilegios de libre entrada a la universidad, que quedábamos
sujetos al mismo régimen que cualquier hijo de vecino, y nos remató
con la injustificable noticia que esto de ninguna manera afectaría
el sexto año de estudios suplementarios, que debíamos cursar
obligatoriamente si queríamos recibir un diploma de Bachiller.
Éste
fue un golpe difícil de aceptar para aquéllos que todavía teníamos
fresca la memoria de las decisiones de finalidad sin recurso a la que
nos había acostumbrado la dictadura, para aquéllos que esperábamos
que la democracia nos tratara, finalmente, como ciudadanos con una
voz en nuestro propio destino, para aquéllos que lidiábamos,
encima, con la tendenciosidad de la adolescencia, cuando un año más
en los claustros era la prolongación intolerable de una etapa de la
vida que ya considerábamos superada, una postergación más de
nuestras ambiciones de ser, finalmente, adultos, y un año menos para
abrirnos camino en el mundo excitante de los grandes al que no
veíamos la hora de pertenecer de una vez por todas. Los de esa
promoción, la primera que debería cursar el Ciclo Básico Común
además del sexto año de estudios, suspendimos toda voluntad de
estudio para poner nuestras energías al servicio de corregir esa
injusticia. Hubiera sido lindo que lo dijeras más en primera persona, como si fueras ese chico de 17, en lugar de tan de lejos. Por ejemplo empezar diciendo ¡qué golpe difícil de aceptar! En lugar de ése fue un golpe difícil de aceptar... .
Intentamos,
primero, alistar el apoyo del Centro de Estudiantes, pero ellos
estaban demasiado ocupados con temas de la política nacional como
para ayudarnos. Cómo, cómo se reunía el centro de estudiantes, quién era el presidente, fuiste a un aula de reunión y levantaste la mano, etc etc. quizás sea divertido contar tus peripecias para tratar de llegar al centro y describir en algún gesto la personalidad “del centro” o de sus dirigentes de ese momento .
Para ellos la democratización de la educación era un fin noble, y
si a nosotros nos tocaba perjudicarnos, lo deberíamos considerar un
pequeño precio personal en pos de un gran beneficio a la comunidad.
Esta lógica, de más está decirlo, no nos convenció a sacrificar,
como lo veíamos, un año de nuestra juventud en el altar de la
democratización, pero nos cerró la puerta a una resolución de
nuestro dilema a por esa vía. Y si la última oración la decís como metáfora, digamos “salimos de la reunión del centro y cerramos detrás nuestro la puerta, puerta que también cerraba una posible vía de resolución...” algo por el estilo, bien escrito, como dando la imagen de que la puerta se cerraba literalmente y metafóricamente.
Daniel
Alhadeff y yo ideamos, entonces, un plan que nos daría finalmente la
solución a todos nuestros problemas: Y lo decidimos mientras tomábamos un café con leche en el bar de la esquina, decite algo que te ubique en ese momento dale s:
terminaríamos en otro colegio nuestro quinto y último año de
secundaria para cursar Más épico: tuvimos la sagaz idea, daríamos pasos de zancos hasta adelantarnos un año al resto, no tengo imaginación ahora pero estaría bueno poner acá imágenes así, correríamos como chitas un año por delante, qué sé yo, es etapa de planificación, de construir en el aire, y enfatizar, sí, en otro colegio, porque es una medida drástica el Ciclo Básico Común un año antes que nuestros compañeros del
Buenos Aires. Compartimos el plan con algunos compañeros, y Jano y
el Mono Bacchi se prendieron con entusiasmo. Aunque significara
graduarnos de bachilleres con un titulo de otro colegio, coincidimos
que ése era un detalle menor, un precio que valía la pena pagar
para ahorrarnos un sexto año de clases inútiles y sin sentido. Nos
hicimos varias ratas para ir a visitar colegios en mi barrio y en
otros de la zona, donde confirmamos que el plan era factible, pero
había un límite a la fecha de nuestro eventual traspaso de colegio:
no nos aceptarían después del comienzo del último bimestre de
clases, en tan sólo dos semanas. Y vuestros padres qué pensaban de todo esto? Los dejaban hacer sin tner que consultarles nada? Qué modernos..
Apremiados
por la diminuta ventana de tiempo para la maniobra, nos decidimos por Por “el” colegio, se te pasó el
colegio General Sarmiento, a unas pocas cuadras de la plaza Vicente
López no muy lejos de mi casa, donde teníamos uno o dos ex
compañeros del Buenos Aires que habían acumulado más de una
materia previa y no pudieron continuar su educación en el Colegio “que se cambiaron del Buenos Aires teniendo más de una previa”, más corto (porque técnicamente nunca te echan, rendís libre) . A
partir de esta elección llenamos Llenamos valientemente, diría yo. los
formularios de baja del Buenos Aires, que presentamos al gordito que
atendía en la oficina de Administración, uno que le tenía desde
siempre una simpatía desmedida e indecorosa a Daniel, tal vez por su
look
de galancito, sus espaldas anchas y cintura estrecha, aunque tampoco
ayudaban su sonrisa ganadora o su irresistible atractivo juvenil. A
sabiendas de esta debilidad, Daniel lo chamuyó para asegurarse que
no hubieran demoras en nuestra inminente partida, pero tuvimos tan
mala suerte que a los dos días el personal no docente del Colegio
entró en huelga por tiempo indeterminado, Huelga en plena primavera de la democracia? Ay no sé, contate algo de contexto ahí, diría yo ,
y sin habernos concedido la baja, las ruedas de la administración se
detuvieron abruptamente hasta próximo aviso.
Desesperados
y sin saber qué hacer para poder llevar a cabo el plan que consumía
todos nuestros pensamientos y preocupaciones, Sólo quedaban tantos días para hacer el pase de escuela... ,
decidimos peticionar a la única autoridad a la que le teníamos fe y
confianza, sabíamos estaría de nuestro lado y vería con nuestros
ojos la injusticia de hacer ambos el sexto año y el Ciclo Básico
Común. Esa persona era Pancho Azamor, nuestro querido profesor de
Historia Antigua que, encima, para ese entonces ya era vicerrector
del Colegio, con suficiente autoridad para mover las palancas de la
administración. Lo encontramos durante un recreo en el atrio de la
entrada, cuando se dirigía a la sala de profesores para su descanso,
vistiendo, como siempre, su distintivo moño y chaleco.
- Ves cuando hablás de tu querido pancho volvés a “la primera persona”, así tenía que haber sido antes también, con el centro de estudiantes, con la huelga, que se escuchan tan lejanos y de crónica por obligación (sorry si te dueleee) .
“Ave Augustus” lo intimé cariñosamente, “queríamos hablar
con usted a ver si nos puede ayudar, porque con el tema del CBC
hicimos el pedido de pase a otro colegio para poder terminar el
secundario este año, pero con la huelga administrativa los papeles
no han salido todavía. Tenemos nada más que dos semanas para
pasarnos porque después empieza el bimestre final y ya no nos
aceptarán en el nuevo colegio.”
- A lo que inesperadamente para nosotros, seguros de que comprendería nuestra épica empresa... “Estás
en pedo, Gotthelf. ¡Es una pésima idea!”
-
“Yo no creo que sea tan mala idea, don Pancho”, le dije.
más
familiarmente, confundido por su reacción inesperada, “porque si
nos quedamos al final vamos a terminar estudiando un año más y
¿para
qué?”
-
“Jacobito”, me dijo, “Relajate. A tu edad un año parece
una eternidad, pero, fijate: la vida es como un rollo de papel
higiénico, cuanto más te acercás a final, más rápido pegás cada
vuelta.”
-
“Es que usted no entiende, Ave Augustus”, le protestó
Daniel. “Póngase en nuestro lugar… ¿Qué sentido tiene
quedarse un año más en el Colegio? Cualquier hijo de vecino puede
ir a la facultad y entrar un año antes que nosotros. ¿Cómo puede
la universidad pedirnos que hagamos un curso que los compañeros que
se recibirán este año no tienen que hacer? Es injusto, además de
ilógico.”
-
“Entiendo cómo te sentís, Alhadeff, pero el diploma del
Nacional Buenos Aires abre muchas puertas. Con él podes estudiar en
cualquier universidad del mundo: la Sorbona, en Oxford, en Cambridge Ahhhh lo habías contado antes de “Diploma”, ya … ¡Donde
quieras! ¿No eras vos el que se quería ir a estudiar a Suiza? ¿Qué
titulo te parece les va a gustar más, el del Colegio Nacional de
Buenos Aires o el Almirante Cuchuflito de Berazategui? ¿Qué
problema hay si tenés que estudiar un año más? ¡La vida es larga,
nene! Creeme, yo que ya soy grande y he vivido un poquito más que
vos te lo aseguro: vale la pena aguantarse. Si te vas del Colegio sin
su título, algún día te vas a arrepentir, no sé si mañana o
pasado, pero pronto, y entonces no tendrá remedio. Me vas a venir a
ver para decirme ¿por qué me dejó partir? ¿Por qué no me dijo
que era un imbécil y me obligó a quedarme?”
-
“¡Pero, don Pancho!”, suplicamos los dos.
-
“¡Nada! Ustedes saben que yo los voy a ayudar con cualquier
cosa… ¡Menos con esto! Vayan, vayan… y, por favor, no hablemos
nunca más del tema.”
Esa
fue la primera vez que me había desilusionado y sus consejos no me
habían servido de nada. Fue otra gran decepción, que cerró la
única vía todavía disponible para llevar a cabo nuestro plan de
ganar, como lo veíamos entonces, un año más de vida.¿O fue el segundo portazo? Si te gusta. O la segunda puerta que veíamos cerrarse hasta rozar nuestras narices... lo que se te ocurra, si te gusta
Cuando
todo parecía perdido y nos habíamos resignado a nuestro destino,
sin embargo, unos días Al día tanto de la cuenta regresiva para el pase... o algo así, más divertido si lo contás como si vivieras una cuenta regresiva después de la cual no se puede hacer nada antes
de la fecha límite para nuestro traspaso al General Sarmiento se
acabó la huelga y Me gusta más que se vea la imagen primero: se acabó la huelga y el mostrador (de planta baja? de...) se iluminó abierto al público con el flamante Gordito de administración sonriendo como siempre al público (redacción de ejemplo de lo que te trato de decir) el
gordito de la Administración volvió a abrir su mostrador al
público. En seguida salieron los papeles de baja del Mono y Jano, y
los dos se pasaron de colegio. Se fueron del Nacional Buenos Aires de
un día para el otro sin decir adiós, alegres y sonrientes, rumbo al
horizonte de sus últimos días de colegio, sus sentencias a un año
más como borregos de secundaria revocadas, mientras que nosotros,
los ideólogos del plan, los autores morales de la estratagema para
obtener la libertad incondicional, seguíamos en la gayola, esperando
la ilusoria firma de nuestra papeleta de libertad, que no podía
tardar, pero que no salía. El gordito estaba contentísimo, porque
lo visitábamos varias veces por día, pero aunque hacía
todo el esfuerzo que le permitía su simpatía para retenernos en la
Administración charlando de fútbol y haciendo caritas, nunca tenía Creo que el ninguna sobra ninguna
noticia concreta para darnos. Pasó un día largo, luego dos, sin
novedades, y al tercero, ya cansados de charlar de fútbol bajo la
mirada libidinosa del gordo sin que nos dé ninguna información
útil, demandamos saber por qué se estaban retrasando tanto nuestros
papeles, que si no salían en horas quedaríamos empomados con un año
más de colegio que, luego de haber contemplado su eliminación, nos
parecía ya intolerable. De nuevo me gustaría otro orden, que presentías que sabía algo me hubiera gustado que lo contaras antes de que le seguiste la corriente 3 días con charlas de fútbol y después le demandaste saber. .
El gordito escondía algo que no nos quería decir, y que a mí me
ponía nervioso.
Harto y frustrado, me enojé con él.
Le
empecé a gritar que queríamos irnos del Colegio, que eran nuestros
papeles y no tenían ningún derecho a negarnos la baja, pero Daniel,
más tranquilo y diplomático, me hizo señales de calmarme, de
hacerme humo y dejarlos solos para poder hablar más íntimamente,
aprovechándose de la debilidad impropia que tenía el gordo por sus
ojos negros.
Luego
de un par de minutos a solas en la oficina, salió con cara de haber
sufrido un estupro.
-
“¡Hijo de puta!”, dijo, y se fue caminando rápido hacia
nuestro claustro.
Sin
saber si había pasado algo raro lo seguí a paso rápido. Luego de
unos instantes le pregunté, delicadamente:
-
“¿Todo bien, Dani?”
-
“Prometeme que te vas a quedar en el molde y no vas a
buchonear nada.”
-
“Claro, boludo, te prometo…”
-
“Estamos jodidos…”
-
“¿Cómo? ¿Por qué?". Me De tratar de imaginar por qué tenía esa cara llegué a una conclusión que me obligó a preguntarle ¿le pegaste?, llo que te quiero decir es que digas que su cara te llevó a imaginarte eso porque no te imaginabas otra cosa imaginé
lo que habría hecho el gordo a solas con Daniel y le pregunté: "¿Le
pegaste?”
-
“No, boludo. ¡Es Azamor!”, me dijo finalmente. “El
gordito dice que Pancho tiene nuestros legajos para que no nos
podamos ir, y no los va a largar hasta fin de año, pero le hizo
jurar que guardaría el secreto hasta la tumba. ¡No podemos decir
nada!”
Así
fue, entonces, que en vez de terminar nuestra secundaria en otro
colegio nos vimos forzados por la traición de Pancho Azamor a volver
al Nacional Buenos Aires el año siguiente, a cursar nuestro sexto
año suplementario de secundaria, obligatorio solamente para los
alumnos que reciben su título de bachiller del Colegio Nacional
Buenos Aires, pero que para entonces ya no nos garantizaba el
privilegio de la entrada libre y directa a una carrera universitaria,
y al final del cual, y recién entonces, pudimos hacer el Ciclo
Básico Común, como cualquier hijo de vecino Al párrafo final le faltan, como a varios, imágenes que lo sitúen a uno en el momento y lugar, pero sobre todo no es necesario repetir por enésima vez lo que significa hacer un año más de secundario, lo dijiste todo el capítulo. Con decir “Con la cabeza gacha y tragándonos la bronca de haber sido pasados por encima con el agravante del vínculo, “ contás y listo. Lo que sí podrías agregar como última línea es algo así como “Oxford, Cambridge... qué lejos que sonaban esos lugares y qué cerca que estaba la tortura de un año extra de secundario...” .
Comentarios
Salvo en tu charla con Azamor, me pareció que todo pasó muy rápido, como quien resume una novela para machetear y dar un examen. Sobre todo como te fui contando podrías explotar lo que viviste en relación al centro de estudiantes y que se vea un poco cómo funcionaba (o cómo no funcionaba), y quizás podrías contar que el ex alumno que se cambió de colegio veía tal o cual diferencia con cursar en el CNBA. Lo mismo la parte en que te imaginaste de todo y le preguntaste si le pegó al gordito, como habiéndote hecho toda la película, me hubiera gustado leerlo más pausado, que te regodearas en la cara que tenía y todo lo que flasheaste tratando de calcular por qué tenía semejante cara. Y la administración, ¿en qué piso estaba? ¿Cómo era? No es lo mismo la lúgubre mayordomía del subsuelo color lamparita eléctrica que lo que se ve en la planta baja al terminar de subir esas imponentes escaleras de mármol.
Salvo en tu charla con Azamor, me pareció que todo pasó muy rápido, como quien resume una novela para machetear y dar un examen. Sobre todo como te fui contando podrías explotar lo que viviste en relación al centro de estudiantes y que se vea un poco cómo funcionaba (o cómo no funcionaba), y quizás podrías contar que el ex alumno que se cambió de colegio veía tal o cual diferencia con cursar en el CNBA. Lo mismo la parte en que te imaginaste de todo y le preguntaste si le pegó al gordito, como habiéndote hecho toda la película, me hubiera gustado leerlo más pausado, que te regodearas en la cara que tenía y todo lo que flasheaste tratando de calcular por qué tenía semejante cara. Y la administración, ¿en qué piso estaba? ¿Cómo era? No es lo mismo la lúgubre mayordomía del subsuelo color lamparita eléctrica que lo que se ve en la planta baja al terminar de subir esas imponentes escaleras de mármol.
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